Surname

19 - mayo - 2011

Hay cosas en la vida que nos vienen dadas, muchas de ellas heredadas… y esas pequeñas cosas marcarán nuestro futuro.

Bueno, algunas son pequeñas cosas y otras grandes en tamaño, pero su tamaño no es proporcional a su relevancia futura…

Entre las miles de cosas que marcaron mi futuro podría enumerar unas cuantas (forma de ser, situación económica, salud, estilo de vida…) pero para no caer en la profundidad de mis divagaciones, me quedaré en una de las más obvias: mis apellidos.

Si, señores/as, señoritos/as y señoritingos/as, así sin quererlo, mis apellidos son, y fueron en el momento de nacer: Fernández López. Y, como muchos habréis escuchado de mis labios: “es que así no se puede llegar a nada* “, o lo que es peor, si llego a “algo”, ese algo podría ser atribuido a un montón de gente con mis iniciales!!

Si es que… lo que es la vida… si mis apellidos fueran los segundos de mis padres yo sería la Señorita Vizcaíno Villanueva. Es que no veis la diferencia?? Esos apellidos tienen muuucha más potencial!!! Sería única e irrrepetible!!!! Salvo… porque comparto iniciales con mi hermano y porque… porque hubiera sido la última en la lista de clase… y todos sabemos ese topicazo de que “los del fondo son de lo peor” creado por aquellos envidiosos que saben que “los del fondo son los que molan porque tienen más vida que la puramente académica”.

En fin, resignada a la posesión y el futuro que estos mis apellidos me deparan, sólo me queda reafirmarme en mis sabias palabras a la temprana edad de 4 o 5 años:

ente viejuno> y tú, qué quieres ser de mayor??
(…)
menda> de mayor quiero ser Sara.

Aunque debo decir, que a esta mi edad, no he conseguido que nadie de los que tienen algo de trato continuo, semi continuo o intermitente me reclamen por ese nombre… ni mi jefes!

——–

llegar a nada* : entienda cada uno sus propósitos de vida como todo, nada, poco o mucho, a gusto del consumidor… entendámoslo todos como metas personales, independientemente del reconocimiento ajeno de nuestras obras.


Crisis, what crisis

13 - mayo - 2011

Los sentimientos tienen, como todo, su teoría y su práctica. Cuya divergencia es, casi siempre, tendiente a infinito.

Y falta poco para que cumpla 30.. así como 4 meses… supongo que debería empezar a estar sintomática perdida de la crisis de los 30..

Tengo casi 30 y si, el que creó  ”las normas sociales” me pilla, yo creo que me mete tremenda somanta de palos sacándose la zapatilla que no la cuento…

Porque no tengo una hipoteca… ni a 30, ni a 50, años ni a 120… yo soy más de ese estilo de habitantes que prefieren que su caserito se lucre a base de un contrato ficticio…

Porque no tengo pareja estable… y es que ni siquiera yo me puedo (ni me pueden) considerar estable… podría pedir un príncipe azul, incluso uno millonario… pero uno estable???? pero si a mi la gente normal y estable me tira “pa atrás”… quita quita, antes marginada que con un tío estable.

Porque no tengo hijos… a pesar de ser de las pocas personas que conozco que asegura querer ser madre (asegura y está segura), y a pesar de que ya se sabe… probabilidades haberlas hailas y raro es que yo, siendo quien soy, la reina de las improbabilidades probables, no haya anidado ningún parásito 9 meses en mi cuerpo…

Porque no acabé la carrera (todavía)… esto es largo de contar, pero como me gusta lo de que la sociedad me margine os dejaré seguir creyendo eso de que soy una vaga, que salí muchísimo, que no pisaba la facultad, que las fiestas universitarias son la hostia, que probé de todo… más que nada porque la realidad resulta más triste… y como no puedo estar un día (ni una hora) sin reirme, pues os deseo lo mismo a vosotros, queridos amigos blogueros…

Porque mi vida laboral y mi sueldo son mediocres… vaites!! una pena que lo de pisar a los demás no sea mi estilo, qué pena que los centros comerciales sean demasiado grises y artificiales para mi gusto, qué pena que no me seduzca el consumismo, qué pena que sepa llegar a fin de mes con lo que tengo, qué pena que me haga sentir bien el ser útil incluso precariamente remunerado, qué pena que no sea envidiosa, qué pena que me prefiera dedicarle tiempo a mi familia (sin alejarme geográficamente y dejando obligaciones de lado)… lo siento querido capitalismo, pero creo que no soy tu prototipo de víctima.

Y como no siento nada de lo que debería sentir, pues me voy a tirar en mi sofá alquilado, manteniendo conversaciones políticamente incorrectas y riendo con mis compañeros frikis, mientras sigo educando niños ajenos y semiajenos…

Y si, tengo casi 30, y últimamente mi felicidad personal va aumentando potencialmente, aunque no sea del modo que tú, querido capitalismo, y tu mujer, la sociedad, hubieseis deseado.

Que vaya bonito!


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